Una de las cosas que más me sorprendió de Praga es que, a pesar de ser una ciudad muy turística, se come bien y sin gastar demasiado.
No hace falta volverse loco buscando sitios escondidos ni salir del centro para evitar trampas. Si sabes dónde mirar —o tienes algo de suerte— puedes encontrar restaurantes muy buenos en zonas bastante céntricas.
Después de varios días probando sitios, estos son los que realmente me funcionaron.
Comer en el centro sin complicarse
Moverse por el entorno de Staré Město tiene muchas ventajas, y una de ellas es que tienes opciones de sobra para comer.
Dos sitios donde comí bien, con buena relación calidad-precio y sin sensación de estar en un sitio “para turistas”, fueron:
- U Parlamentu
- U Pivrnce
Ambos tienen algo en común: comida checa, platos contundentes, buena cerveza y precios razonables para la ubicación.
Son ese tipo de sitios donde puedes sentarte sin pensarlo demasiado y salir satisfecho.
Malá Strana: comer bien en plena zona histórica
Al cruzar el río hacia Malá Strana, la experiencia cambia. La zona es más tranquila, más bonita, y también hay restaurantes interesantes donde parar durante la visita.
Aquí destacan:
- Kuchyň
- Pork’s

Son sitios bastante conocidos, pero con sentido. Bien ubicados, buena materia prima y perfectos para encajar dentro del recorrido del día, sin tener que desviarte demasiado.
Una zona que no esperaba… y donde mejor comí
Aquí es donde viene uno de los descubrimientos del viaje.
Yo me alojé en Residence Bene (aquí puedes ver este hotel), en una calle aparentemente tranquila, pero que resultó ser una de las mejores zonas para comer.
Varios locales me lo dijeron directamente:
por esa zona hay algunos de sus restaurantes favoritos.
Y después de probar varios, lo entendí.
En apenas unos minutos caminando tienes:
- Lokál Dlouhááá
- Pizzerie Mikulka’s
- Naše maso
- La Casa Latina
Cada uno con su estilo, pero todos con algo en común:
no parecen pensados para turistas, sino para gente de la ciudad.
Lokál, por ejemplo, es un clásico para probar cocina checa en un ambiente muy local.
Naše maso, más que restaurante, es una carnicería con barra donde sirven hamburguesas espectaculares.
Y luego tienes opciones más diferentes, como una buena pizzería o incluso cocina latina.
Sinceramente, no esperaba encontrar una zona tan interesante a nivel gastronómico tan cerca del centro.

Comer fuera del circuito turístico
Otra zona donde comí muy bien fue en Anděl, bastante más local y menos turística.
Aquí encontré Šenkýrna Hlubina, un restaurante de comida tradicional con precios muy buenos y ambiente totalmente distinto al centro.
De esos sitios donde no ves grupos de turistas, y eso ya suele ser una buena señal.
Qué comer en Praga (y qué no perderse)
Más allá de los restaurantes concretos, hay algunas cosas que merece la pena probar.
El guláš (goulash) es probablemente el plato más típico: carne, salsa espesa y acompañamiento de knedlíky (pan hervido). Es contundente, pero encaja muy bien con el clima y el ambiente de la ciudad.
Y luego está la cerveza.
Praga —y en general la República Checa— es uno de los países donde mejor se bebe cerveza. La Pilsner es la referencia, y casi en cualquier sitio te la van a servir bien.
Es barata, está muy buena y forma parte de la experiencia.
Conclusión
En Praga se come mejor de lo que muchos esperan.
No hace falta buscar demasiado ni alejarse del centro para encontrar buenos restaurantes. Pero si además tienes la suerte de dar con zonas como la de Dlouhá, donde se concentran varios sitios interesantes, la experiencia mejora mucho.
Al final, como casi siempre en los viajes,
los mejores sitios no son los que más se buscan… sino los que te encuentras.